jueves, 5 de diciembre de 2013

La rué ketanou, o la bohemia moderna francesa.

"C'est pas nous qui sommes à la rue/ C'est la rue Ketanou (qui est à nous)”


Existen los momentos, los correctos y los incorrectos, los buenos y los malos, los del pasado y los del presente. Y, sobre todo, existen los lugares, las esquinas y los rincones. Aunque, a veces, no son los adecuados. Pero, ¿eso importa?

La Rué Ketanou es un grupo de distintos países –Francia, Marruecos y Portugal-, misma época –final de la década de los 90- y conciertos en la barra de un bar, con todo lo que esas palabras pueden llegar a significar. Su mezcla de nacionalidades y su manera de entender la música se unen en una coctelera de ritmos, acentos y guitarras. Son tan franceses que le ponen nombre de mujer a sus canciones y tan bohemios que actuaron en el Olympa con la seguridad que te dan tantos años en La Rochéle y en la Isla de Ré. Porque en la calle quien no sabe tocar, no sobrevive -por mucho que cierta alcaldesa de Madrid diga lo contrario- y ellos consiguen así que les produzcan un disco y ser teloneros de Tryo. Juegan con el francés -combinándolo con español y portugués- porque, aunque parezca curioso, en francés ‘jouer’ significa tanto jugar como tocar. No podría ser de otro modo para un grupo que gesticulan mucho, bailan igual y se arreglan lo mínimo. Callejeros, perroflautas o incomprendidos; puedes llamarles como sea pero no te olvides de sonreír, por favor. No te olvides de escucharles tumbada en la cama y deja de intentar traducirles porque su música se centra en la melodía, en los ritmos y en los aullidos que acabas soltando un sábado a las cuatro de borrachera en tu casa. Hasta que aprendes francés para traducirlos o los traduces porque quieres aprender francés y descubres que a veces la sabiduría no está en manuales sino en la vida. Desde la uve a la a, con noches épicas, momentos bajos y los desamores de invierno que acaban siendo curados con amores veraniegos. 

Su canción más conocida es Les chemins de la bohéme (los caminos de la bohemia) y su significado está claro: el viaje por una vida donde el anciano te da su secreto y el aire la libertad. Sobre todo la libertad. Lo primero que escuché de ellos fue una frase que decía “á l’autre bout du bout du monde” y cuando tienes 15 años traduces mal y en vez de “al fin del mundo” te transportan “a la otra esquina de la otra esquina del mundo”. Entonces, todo llega: los viajes, las oportunidades, el frío de vivir fuera y aprender a decir ‘no te entiendo, ¿puedes repetir?’ en el mayor número de lenguas posibles. Dicen que ya no vivimos en un mundo personal sino que todo se conoce y todo se relaciona, que cada vez es más fácil buscarle las cosquillas a la palabra globalización y que ya no respetamos la cultura…

Yo creo que es mentira, porque creo en gente como La rué ketanou, y creo que sólo hace falta descubrirlos un poquito. Creo en que no somos de un país determinado sino del mundo en general, creo en los idiomas porque cada cual tiene sus particulares, creo en los momentos y que los 18 años es la edad para descubrirlos. Creo en los lugares, aunque sea en la otra esquina de la otra esquina del mundo y lleven consigo un par de pérdidas en una ciudad desconocida. ¿Eso importa?



@marta_451/Marta Prego Nieto

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