domingo, 15 de diciembre de 2013

"El miedo a Marruecos proviene de raíces históricas"

Miguel Hernando de Larramendi ha dedicado gran parte de su vida al estudio del norte de África, la zona del Magreb, y sus relaciones con la política exterior española. Su último libro se titula La Política exterior española hacia el Magreb. Actores e Intereses donde estudia el complejo entramado que existe en dichas relaciones políticas y repasa la historia más reciente de España. Tuvimos la ocasión de hablar con él de su acercamiento hacia esta materia, del presente e, imaginando un poco, del futuro entre ambos países. 

Usted es uno de los mayores expertos sobre el mundo árabe en nuestro país ¿Cuándo decide mirar hacia el otro lado del mediterráneo y especializarse en África?

La verdad es que mi interés por el mundo árabe es muy lejano y surge por azares y casualidades de la vida. Casualidad de que yo pasaba el verano en el levante español y teníamos una profesora de francés que había sido una española que había vivido en Argelia, una pied noir que se ganaba la vida así. Las clases de francés era su manera de revivir su vida en Argelia, las relaciones España-Magreb y reivindicarlo. Y, sin darte cuenta, en la adolescencia te va marcando y cuando reconstruyes tu interés hacia este mundo te sale ese momento. En este caso fue la lengua lo que unió y, a raíz de ahí, me centré en Magreb y en Marruecos, sobre todo, posteriormente, en este segundo.

De ahí supongo que viene su interés por la traducción y su trabajo como traductor en la Escuela de Traductores de Toledo.

La he dirigido durante muchos años. Por un lado tengo una relación con la lengua árabe y por potro con el derecho y las relaciones exteriores que se ve en mi tesis por el mundo árabe. Sobre todo, lo que trabajo es política exterior, sistemas políticos y lo que es la política exterior europea de España hacia la región.

Normalmente, cuando se habla de Magreb solemos centralizarlo en Marruecos. Si quitáramos a ese país, ¿cuál es el que tendría el mayor peso de toda la zona del norte de África?

Argelia, sin duda alguna. Marruecos lo es por proximidad -14 kilómetros-, lazos históricos, sociedad. Pero si miramos los factores económicos vemos que el gas procede de Argelia que también hay un gran número de empresas españolas. Si usáramos solo criterios económicos, sus relaciones serian las más interesantes.

¿Una buena relación con Marruecos conlleva que haya una relación tirante con Argelia?

No necesariamente. Lo que ocurre es que cuando hay un triangulo de intereses y dos de ellos se llevan mal hay ciertos problemas. Marruecos y Argelia han tenido tiranteces desde su independencia al ser dos regímenes diversos, querer asumir un liderazgo en la región, tener la misma población, etc. y toda esa rivalidad ha hecho que España se vea situada en el medio. Durante mucho tiempo la política se focalizó en aprovechar que se llevaran mal porque se pensaba que habría menos posibilidades de que Marruecos reivindicara el Sahara o Ceuta y Melilla.

¿Y ahora mismo?

Esa visión anterior cambia cuando se ingresa en la Comunidad Económica Europea porque los intereses se amplían y ya no somos sólo España. Antes no había población marroquí en España y, cuando esas relaciones migratorias se hacen intensas, se amplían el tejido de intereses. El foco no es solo Ceuta y Melilla, que también, sino la seguridad, el narcotráfico, la inmigración. Si antes se piensa que un Magreb desunido era la mejor opción para los intereses de España, a partir de la entrada en Europa ocurre lo contrario: Los intereses se basan en que estas inestabilidades no se enfoquen en la orilla norte. Si de pronto se unen el mercado marroquí y argelino mejorarán las relaciones económicas.  Por eso la política española de después de los ochenta defiende un acercamiento como vía de desarrollo.

El tema de la inmigración, España se adaptó muy pronto y bastante bien a este nuevo aspecto. Y, sin embargo, si preguntas ahora a los jóvenes muchos te ponen como principal miedo la inmigración desbocada y su posibilidad de terrorismo. ¿Ha cambiado esa visión por la crisis económica?

Lo que ocurre es que la transformación de España de país de emigración a inmigración se produce con un ciclo económico muy favorable. Si tu miras el PIB de Marruecos y el de España, a partir de 1968 el de España sube. Ahora nos estamos encontrando por primera vez con un debate sobre cuestiones migratorias en mucho tiempo y dentro de un plano socioeconómico desfavorable. Es cierto que el rechazo ha aumentado pero no se ha concretado, salvo en Cataluña, en partidos xenófobos mientras que, si vas a Noruega o Suecia o incluso Francia, hay una carga política increíble.

¿Ha intervenido la política?

Sólo hubo durante la época de José María Aznar una política de equilibrar el origen migratorio. ¿Cómo? Dando facilidades a la inmigración proveniente de Latinoamérica pensando que eran blancos (risas) y católicos. Bueno, en cualquier caso, la lengua unía y la inmigración de Latinoamérica surge. Es cierto que como país sigue dando mayor número pero a la hora de continente, crece la americana.

Pero, aunque la sudamericana sea superior, el miedo sigue estando con la marroquí.

Sí, porque el miedo proviene de raíces históricas, sociales: Anual, la guerra civil, el Sahara.

El tema del Sahara siempre es peliagudo, ¿somos, a riesgo de generalizar, pro-saharauis o pro-marroquíes?

Tienes esa relación de amistad con el pueblo saharaui que es la cara y la cruz de las relaciones con Marruecos. Eloy Martín Corrales describe en La imagen del Magrebí en España la imagen del ‘otro’ en España por iconografía. Define que la solidaridad con el pueblo saharaui es la enemistad con Marruecos. Es probable que haya una enemistad ahí. No puedes apoyar directamente al Sahara, es un atentado contra las relaciones con Marruecos, pero tampoco puedes reconocerlo como marroquí porque la gente todavía tiene esa solidaridad. Eres pro-marroquí, sin duda alguna, pero no puedes llegar a serlo del todo.

¿Afecta esto a temas de más gravedad, como el caso del 11-M?

Cuando se producen los atentados del 11-m, llega una televisión danesa y me preguntan ¿por qué no se han puesto a quemar mezquitas? Las explicaciones pueden ser que la extrema derecha todavía es muy plural, que no hay ninguna que instrumentalicé. El urbanismo también hace, aquí no hay guetos como en París o Marsella, hasta Lavapiés es plural pero no es lo mismo. Y también por la juventud, que tenía aceptado el hecho migratorio. Pero el 11-M es un punto de inflexión. Tiene como consecuencia que Zapatero, y después Rajoy, se den cuenta que las buenas relaciones con Marruecos traen una buena seguridad. Entonces la pregunta sería, ¿se hubieran evitado los atentados del 11-M si, en los dos años anteriores, las relaciones con Marruecos hubieran sido positivas? ¿Circulo la información compartida que podrían haber evitado? Como todos los futuribles no se saben pero queda claro que la la base es tener unas buenas relaciones con Marruecos.

Las relaciones negativas a las que nos hemos referido se centralizan en la crisis de 2002 con Perejil ¿Cómo se trata el asunto desde el punto de vista político?

Hay que contextualizarlo, como todo, esa crisis surge justo después de los atentados del 11-S, en una época en la que la política exterior española está completamente en reformulación. José María Aznar piensa que se le abre una nueva ventana: relacionarse más con EEUU sin perder a Europa y eso da pie a una división de opiniones. Al final lo que produce la crisis es que toda esa inestabilidad que había caracterizado las relaciones hispano-marroquíes se expanda. Un hecho puntual como la no-renovación del Acuerdo de Pesca acaba contaminando todas las relaciones, incluido los territoriales.

¿Se actúa bien en ese momento de gran tirantez entre las relaciones?

El PP la plantea con una cierta prepotencia porque lo primero que dicen es “va a haber consecuencias porque nosotros somos europeos y vosotros no”. A partir de ahí Marruecos abre el grifo de la inmigración a Ceuta y Melilla, dice que España está apoyando un referéndum, retira al embajador, desbloquea la cooperación universitaria… Lo curiosos es que sólo hubo un lobby fuerte que se plantara que fue el de los empresarios porque tenían intereses. Entonces, es la crisis más grave que se produce y muestra como hay tabues en las relaciones: temas territoriales. Yo jamás había oído hablar del islote de Perejil, no dice nada a mi favor pero demuestra que no es relevante. Entonces un aspecto irrelevante -la política territorial- pasa a ser relevante. Ceuta y Melilla están en la agenda marroquí pero no en la española, etc… ¿Cómo puede haber una buena relación si la mitad de los temas no son los mismos? Cuando hay tabúes es difícil: si todo va bien se esconden, pero cuando no se convierten en obstáculos.

¿Realmente es positivo que de la diplomacia solo se conozca la punta del iceberg?

También hay mucho desinterés, salvo en determinados momentos –como en la guerra de Iraq. Si miras las encuestas del CIS, cuando se produce la recuperación de Perejil eran los preparativos de la invasión de Iraq, estamos en Julio de 2002 y la invasión se produce en marzo de 2003. Entonces, es interesante porque luego las elecciones de 2004 los temas de política exterior fueron muy fuerte. El caso es que el rechazo al uso de la fuerza sorprende porque en la opinión pública el apoyo al uso  de la fuerza contra Marruecos era apabullante. Esto demuestra que la opinión pública es muy volátil y que aunque no hay una opinión completamente anti marroquí- que se transforme en actos violentos y racistas-, hay un cierto respaldo al uso de la fuerza para quitar de un islote absurdo a los marroquís


Entonces, las percepciones son muy importantes…

 Lo habrás visto en el Comité de Averroes, todo los temas de percepciones están muy presentes. Nos vieron durante mucho tiempo como país de transito y, al entrar a la UE, pasamos a ser como los nuevos ricos con influencia.

¿Todavía nos ven como país de búsqueda de trabajo?

Bueno, ahora mismo les pagan igual de mal (risas). Es cierto que hay una tasa de paro de la inmigración marroquí por lo que hay un retorno táctico para no perder la calidad de vida. Se nos olvida la “humillación” que es pedir en Marruecos todo el problema de los papeles, visados, etc. Sorprende como la conflictividad social no es fuerte con todos esos niveles de paro; hay mucho retorno, la familia actúa y, que a pesar de que la situación se ha complicado, todavía no hay una fuerza política importante..

Empresas españolas que colocan sus sedes en Marruecos, sobre todo en el industrial. Para las empresas es positiva, pero ¿qué ocurre con el caso de los trabajadores españoles?

No todo es blanco o negro. Todo el proceso de liberación del campo marroquí ha sido ocupado por población española, habría que estudiar cuantos agricultores murcianos hay en esos campos. Es curioso que, a lo mejor, los que más se quejan, son los que más se han aprovechado. La competencia no es, en todo caso, devastadora. Se habla de la competencia desleal, pero España había multiplicado también sus inversiones. Es un aspecto de percepción pero, globalmente, para nada. No es la agricultura marroquí contra la española sino que esta cruzada.

¿Cómo valora la educación sobre el mundo árabe en España?


Se enmarca en la educación en general, que es muy deficiente. ¿Qué se sabe de América Latina? ¿Qué se sabe de política exterior? Hay una visión tan centralizada en lo local, en lo más cercano, ¿qué sabemos de historia europea? Apenas hay grados de estudio, si te das cuenta.

Marta Prego Nieto/ @marta_451

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