miércoles, 25 de diciembre de 2013

“EL MUNDO NO EXISTIRÁ SIN COREA”



La escasa relación internacional entre España y la República Popular Democrática de Corea se encuentra en su momento más álgido con la apertura de la embajada norcoreana en el distrito madrileño de Aravaca. A este tema se ha referido el delegado de relaciones culturales exteriores del país asiático,  Alejandro Cao de Benós, en su primera conferencia en la Universidad Complutense de Madrid. “Corea del Norte no se puede entender sin abrir la mente a la cultura asiática” ha repetido en numerosas ocasiones de su intervención esperando que la inauguración de la embajada agilice las relaciones diplomáticas “comenzadas por el presidente Aznar”.

Ante las acusaciones por parte de EEUU y los países occidentales de la tenencia de armas nucleares, Cao de Benós se justifica diciendo que “es la única arma que nos asegura que EEUU no intervenga con su política imperialista”. Afirma la voluntad del país de no comenzar ningún conflicto que podría desembocar en uno de carácter nuclear y recuerda que EEUU nunca firmó la paz de la guerra del Paralelo 38, lo que justificaría la mentalidad defensiva de su gobierno. Refiriéndose a esto, Cao de Benós argumenta que una soberanía es imposible de mantener si no se tiene un armamento sólido que la respalde ante amenazas externas.

En el caso de la RPD de Corea, nos encontramos con un país herméticamente cerrado del que es imposible conocer tanto su cultura y funcionamiento más allá de la que él denomina “propaganda occidental”. Según Cao de Benós, ese hermetismo es debido a los numerosos procesos imperialistas a los que se ha visto sometida por su situación geográfica. Lo que sí es cierto es que, tras la II Guerra Mundial, Corea quedó dividida en dos partes –una norte y una sur- bajo influencias políticas totalmente contrarias y hostiles entre sí. Una guerra entre ambas, con apoyo soviético y estadounidense respectivamente, dejó a la zona norte totalmente derruida y sin posibilidades. Esto se agudizó en la década de los 90 con una gravísima crisis económica. Corea respondió a ella defendiendo una idea, la del socialismo, que ya se había resquebrajado y con una “política de puertas cerradas”, según Cao de Benós “defensiva”, que no le permitió recuperarse.


El futuro pasa, tal y como afirma Cao de Benós, por la reunificación con el sur en una República Confederada en la que la parte norte “no va a renunciar” a sus principios y en la que “ningún país puede entrometerse”. Se muestra tranquilo, sosegado, apoyándose en que “el mundo no existirá sin Corea”. Pero ¿se habrá olvidado el mundo de esa Corea cuando no represente ninguna amenaza? Por ahora, el atisbo de esperanza se encuentra en algo tan pequeño pero que puede mover tanto como el fútbol. Se va a producir la inserción de doce chavales norcoreanos a la Fundación Marcet de Barcelona y quizás sean ellos los que animen a la gente a preguntarse, y a no olvidarse, sobre ese pequeño país perdido en el mapa.

Marta Prego Nieto

domingo, 15 de diciembre de 2013

"El miedo a Marruecos proviene de raíces históricas"

Miguel Hernando de Larramendi ha dedicado gran parte de su vida al estudio del norte de África, la zona del Magreb, y sus relaciones con la política exterior española. Su último libro se titula La Política exterior española hacia el Magreb. Actores e Intereses donde estudia el complejo entramado que existe en dichas relaciones políticas y repasa la historia más reciente de España. Tuvimos la ocasión de hablar con él de su acercamiento hacia esta materia, del presente e, imaginando un poco, del futuro entre ambos países. 

Usted es uno de los mayores expertos sobre el mundo árabe en nuestro país ¿Cuándo decide mirar hacia el otro lado del mediterráneo y especializarse en África?

La verdad es que mi interés por el mundo árabe es muy lejano y surge por azares y casualidades de la vida. Casualidad de que yo pasaba el verano en el levante español y teníamos una profesora de francés que había sido una española que había vivido en Argelia, una pied noir que se ganaba la vida así. Las clases de francés era su manera de revivir su vida en Argelia, las relaciones España-Magreb y reivindicarlo. Y, sin darte cuenta, en la adolescencia te va marcando y cuando reconstruyes tu interés hacia este mundo te sale ese momento. En este caso fue la lengua lo que unió y, a raíz de ahí, me centré en Magreb y en Marruecos, sobre todo, posteriormente, en este segundo.

De ahí supongo que viene su interés por la traducción y su trabajo como traductor en la Escuela de Traductores de Toledo.

La he dirigido durante muchos años. Por un lado tengo una relación con la lengua árabe y por potro con el derecho y las relaciones exteriores que se ve en mi tesis por el mundo árabe. Sobre todo, lo que trabajo es política exterior, sistemas políticos y lo que es la política exterior europea de España hacia la región.

Normalmente, cuando se habla de Magreb solemos centralizarlo en Marruecos. Si quitáramos a ese país, ¿cuál es el que tendría el mayor peso de toda la zona del norte de África?

Argelia, sin duda alguna. Marruecos lo es por proximidad -14 kilómetros-, lazos históricos, sociedad. Pero si miramos los factores económicos vemos que el gas procede de Argelia que también hay un gran número de empresas españolas. Si usáramos solo criterios económicos, sus relaciones serian las más interesantes.

¿Una buena relación con Marruecos conlleva que haya una relación tirante con Argelia?

No necesariamente. Lo que ocurre es que cuando hay un triangulo de intereses y dos de ellos se llevan mal hay ciertos problemas. Marruecos y Argelia han tenido tiranteces desde su independencia al ser dos regímenes diversos, querer asumir un liderazgo en la región, tener la misma población, etc. y toda esa rivalidad ha hecho que España se vea situada en el medio. Durante mucho tiempo la política se focalizó en aprovechar que se llevaran mal porque se pensaba que habría menos posibilidades de que Marruecos reivindicara el Sahara o Ceuta y Melilla.

¿Y ahora mismo?

Esa visión anterior cambia cuando se ingresa en la Comunidad Económica Europea porque los intereses se amplían y ya no somos sólo España. Antes no había población marroquí en España y, cuando esas relaciones migratorias se hacen intensas, se amplían el tejido de intereses. El foco no es solo Ceuta y Melilla, que también, sino la seguridad, el narcotráfico, la inmigración. Si antes se piensa que un Magreb desunido era la mejor opción para los intereses de España, a partir de la entrada en Europa ocurre lo contrario: Los intereses se basan en que estas inestabilidades no se enfoquen en la orilla norte. Si de pronto se unen el mercado marroquí y argelino mejorarán las relaciones económicas.  Por eso la política española de después de los ochenta defiende un acercamiento como vía de desarrollo.

El tema de la inmigración, España se adaptó muy pronto y bastante bien a este nuevo aspecto. Y, sin embargo, si preguntas ahora a los jóvenes muchos te ponen como principal miedo la inmigración desbocada y su posibilidad de terrorismo. ¿Ha cambiado esa visión por la crisis económica?

Lo que ocurre es que la transformación de España de país de emigración a inmigración se produce con un ciclo económico muy favorable. Si tu miras el PIB de Marruecos y el de España, a partir de 1968 el de España sube. Ahora nos estamos encontrando por primera vez con un debate sobre cuestiones migratorias en mucho tiempo y dentro de un plano socioeconómico desfavorable. Es cierto que el rechazo ha aumentado pero no se ha concretado, salvo en Cataluña, en partidos xenófobos mientras que, si vas a Noruega o Suecia o incluso Francia, hay una carga política increíble.

¿Ha intervenido la política?

Sólo hubo durante la época de José María Aznar una política de equilibrar el origen migratorio. ¿Cómo? Dando facilidades a la inmigración proveniente de Latinoamérica pensando que eran blancos (risas) y católicos. Bueno, en cualquier caso, la lengua unía y la inmigración de Latinoamérica surge. Es cierto que como país sigue dando mayor número pero a la hora de continente, crece la americana.

Pero, aunque la sudamericana sea superior, el miedo sigue estando con la marroquí.

Sí, porque el miedo proviene de raíces históricas, sociales: Anual, la guerra civil, el Sahara.

El tema del Sahara siempre es peliagudo, ¿somos, a riesgo de generalizar, pro-saharauis o pro-marroquíes?

Tienes esa relación de amistad con el pueblo saharaui que es la cara y la cruz de las relaciones con Marruecos. Eloy Martín Corrales describe en La imagen del Magrebí en España la imagen del ‘otro’ en España por iconografía. Define que la solidaridad con el pueblo saharaui es la enemistad con Marruecos. Es probable que haya una enemistad ahí. No puedes apoyar directamente al Sahara, es un atentado contra las relaciones con Marruecos, pero tampoco puedes reconocerlo como marroquí porque la gente todavía tiene esa solidaridad. Eres pro-marroquí, sin duda alguna, pero no puedes llegar a serlo del todo.

¿Afecta esto a temas de más gravedad, como el caso del 11-M?

Cuando se producen los atentados del 11-m, llega una televisión danesa y me preguntan ¿por qué no se han puesto a quemar mezquitas? Las explicaciones pueden ser que la extrema derecha todavía es muy plural, que no hay ninguna que instrumentalicé. El urbanismo también hace, aquí no hay guetos como en París o Marsella, hasta Lavapiés es plural pero no es lo mismo. Y también por la juventud, que tenía aceptado el hecho migratorio. Pero el 11-M es un punto de inflexión. Tiene como consecuencia que Zapatero, y después Rajoy, se den cuenta que las buenas relaciones con Marruecos traen una buena seguridad. Entonces la pregunta sería, ¿se hubieran evitado los atentados del 11-M si, en los dos años anteriores, las relaciones con Marruecos hubieran sido positivas? ¿Circulo la información compartida que podrían haber evitado? Como todos los futuribles no se saben pero queda claro que la la base es tener unas buenas relaciones con Marruecos.

Las relaciones negativas a las que nos hemos referido se centralizan en la crisis de 2002 con Perejil ¿Cómo se trata el asunto desde el punto de vista político?

Hay que contextualizarlo, como todo, esa crisis surge justo después de los atentados del 11-S, en una época en la que la política exterior española está completamente en reformulación. José María Aznar piensa que se le abre una nueva ventana: relacionarse más con EEUU sin perder a Europa y eso da pie a una división de opiniones. Al final lo que produce la crisis es que toda esa inestabilidad que había caracterizado las relaciones hispano-marroquíes se expanda. Un hecho puntual como la no-renovación del Acuerdo de Pesca acaba contaminando todas las relaciones, incluido los territoriales.

¿Se actúa bien en ese momento de gran tirantez entre las relaciones?

El PP la plantea con una cierta prepotencia porque lo primero que dicen es “va a haber consecuencias porque nosotros somos europeos y vosotros no”. A partir de ahí Marruecos abre el grifo de la inmigración a Ceuta y Melilla, dice que España está apoyando un referéndum, retira al embajador, desbloquea la cooperación universitaria… Lo curiosos es que sólo hubo un lobby fuerte que se plantara que fue el de los empresarios porque tenían intereses. Entonces, es la crisis más grave que se produce y muestra como hay tabues en las relaciones: temas territoriales. Yo jamás había oído hablar del islote de Perejil, no dice nada a mi favor pero demuestra que no es relevante. Entonces un aspecto irrelevante -la política territorial- pasa a ser relevante. Ceuta y Melilla están en la agenda marroquí pero no en la española, etc… ¿Cómo puede haber una buena relación si la mitad de los temas no son los mismos? Cuando hay tabúes es difícil: si todo va bien se esconden, pero cuando no se convierten en obstáculos.

¿Realmente es positivo que de la diplomacia solo se conozca la punta del iceberg?

También hay mucho desinterés, salvo en determinados momentos –como en la guerra de Iraq. Si miras las encuestas del CIS, cuando se produce la recuperación de Perejil eran los preparativos de la invasión de Iraq, estamos en Julio de 2002 y la invasión se produce en marzo de 2003. Entonces, es interesante porque luego las elecciones de 2004 los temas de política exterior fueron muy fuerte. El caso es que el rechazo al uso de la fuerza sorprende porque en la opinión pública el apoyo al uso  de la fuerza contra Marruecos era apabullante. Esto demuestra que la opinión pública es muy volátil y que aunque no hay una opinión completamente anti marroquí- que se transforme en actos violentos y racistas-, hay un cierto respaldo al uso de la fuerza para quitar de un islote absurdo a los marroquís


Entonces, las percepciones son muy importantes…

 Lo habrás visto en el Comité de Averroes, todo los temas de percepciones están muy presentes. Nos vieron durante mucho tiempo como país de transito y, al entrar a la UE, pasamos a ser como los nuevos ricos con influencia.

¿Todavía nos ven como país de búsqueda de trabajo?

Bueno, ahora mismo les pagan igual de mal (risas). Es cierto que hay una tasa de paro de la inmigración marroquí por lo que hay un retorno táctico para no perder la calidad de vida. Se nos olvida la “humillación” que es pedir en Marruecos todo el problema de los papeles, visados, etc. Sorprende como la conflictividad social no es fuerte con todos esos niveles de paro; hay mucho retorno, la familia actúa y, que a pesar de que la situación se ha complicado, todavía no hay una fuerza política importante..

Empresas españolas que colocan sus sedes en Marruecos, sobre todo en el industrial. Para las empresas es positiva, pero ¿qué ocurre con el caso de los trabajadores españoles?

No todo es blanco o negro. Todo el proceso de liberación del campo marroquí ha sido ocupado por población española, habría que estudiar cuantos agricultores murcianos hay en esos campos. Es curioso que, a lo mejor, los que más se quejan, son los que más se han aprovechado. La competencia no es, en todo caso, devastadora. Se habla de la competencia desleal, pero España había multiplicado también sus inversiones. Es un aspecto de percepción pero, globalmente, para nada. No es la agricultura marroquí contra la española sino que esta cruzada.

¿Cómo valora la educación sobre el mundo árabe en España?


Se enmarca en la educación en general, que es muy deficiente. ¿Qué se sabe de América Latina? ¿Qué se sabe de política exterior? Hay una visión tan centralizada en lo local, en lo más cercano, ¿qué sabemos de historia europea? Apenas hay grados de estudio, si te das cuenta.

Marta Prego Nieto/ @marta_451

lunes, 9 de diciembre de 2013

1912


Siempre me han preguntado cuál es mi película favorita y nunca he sabido responder ante la indecisión de tener que elegir tan solo una. Por mi afición al cine, considerado el séptimo arte, he visto películas de todos los estilos posibles, desde las clásicas comedias románticas hasta las de ciencia-ficción. Sin embargo, sí he de reconocer que hay una que ha conseguido marcar un antes y un después en mi vida, por eso quiero hablar de ella.

La película Titanic narra la historia del transatlántico británico que se hundió el 15 de abril de 1912 durante su viaje inaugural. El naufragio fue provocado por un choque, de camino a Terranova, contra un iceberg que partió el casco del barco. Tras la colisión, las planchas del lado de estribor comenzaron a inundarse. Durante dos horas aproximadamente el navío se fue hundiendo gradualmente hasta que se partió totalmente en dos. En ese periodo algunos pasajeros fueron evacuados en los escasos botes salvavidas disponibles. Aún así, este trágico accidente se llevó por delante la vida de miles de personas, conmocionando a toda la población mundial.

Cuenta la leyenda, el mito y las ganas humanas de embellecer los recuerdos que la orquesta del Titanic siguió tocando cuando todo el mundo chillaba, se escondía y aceptaba que la muerte estaba llamando a su puerta. Lo hicieron para calmar los ánimos y, cuando se dieron cuenta de que ya no había solución, sacaron su dignidad, alzaron las cabezas y continuaron tocando. Desgraciadamente, ninguno consiguió sobrevivir al naufragio.

El Titanic transportaba numerosas personas divididas por clase. Por un lado, los irlandeses que, como Jack, buscaban el cúmulo de oportunidades que la palabra América contenía. Por otro, los ‘milords’ sin fortuna que buscaban en ese continente la posibilidad de casar a sus hijas con un joven sin rango pero rico. También, estaban los marineros que dedicaban su vida al trabajo en el barco y las camareras que soñaban con servir platos en primera. Era el recuerdo de una sociedad herida, hundida y en vías de extinción, pero con ganas de salir adelante.

Se hacía evidente el contraste entre las vajillas de plata de los ricos y las cocinas de la tercera clase donde las ratas campaban a sus anchas. Los camarotes superiores tenían cuadros de Picasso mientras los inferiores eran desparasitados. Las fiestas de los más adinerados tenían lugar en enormes salones y las de los más humildes se celebraban sobre las mismas mesas en las que comían. El mismo barco recogía todas estas diferencias. Esto hizo viable que  surgiera un amor imposible entre dos jóvenes de distintas clases sociales.

Jack Dawson era irlandés y vivía en un pequeño pueblo a las afueras de Dublín mientras veía cómo las luchas políticas invadían su país, escaseaban los puestos de trabajo y la miseria llenaba cada vez más su casa. Había oído hablar de América y de todas las oportunidades que existían en ese continente lejano. Finalmente como premio de una partida de póquer, conseguía hacerse con un billete de tercera clase que le llevaría a un nuevo mundo.

Rose DeWitt era una joven de Filadelfia que estaba forzada por su madre a comprometerse con un arrogante treintañero para aliviar las deudas que le había dejado su padre y poder, de esta forma, conservar su alta clase social. Ansiaba conocer América, pues se sentía presionada e incompleta a pesar de su juventud.

La noche en la cual Rose decidió suicidarse saltando por la popa del barco, como consecuencia de su infeliz y monótona vida, Jack consiguió detenerla a tiempo y darle motivos convincentes para que no lo hiciera. Así se conocieron los dos jóvenes, en una bonita jugada del destino. Su historia continuó a escondidas, compartiendo sentimientos y aficiones a la pintura, al baile e incluso a la hípica, hasta que finalmente se besaron frente al mar, en una de las escenas más míticas del cine.

El Titanic fue el escenario en el cual una chica rebelde de buena familia y un muchacho humilde de gran corazón se enamoraron locamente el uno del otro. Las ganas de aventuras y la ilusión les unieron, aunque no por demasiado tiempo, pues el barco en el que viajaban se hundió. Pero fue un amor tan intenso y apasionado que sobrevivió a la muerte de uno de los componentes de la pareja y al inmutable paso del tiempo.

En mi opinión, esta película tiene una esencia especial. Posee el sabor amargo de las historias que no acaban bien pero que volverías a revivir innumerables veces. Ha pasado a ser algo más que un barco sumergido para acabar convirtiéndose en mito. Es una fuente de literatura y de cine inagotable. Narra una bonita historia de amor con dosis de misterio, de intriga y de esperanza. Es algo tan humano como querer derrotar a la naturaleza y pensar que todo va a salir bien, incluso cuando las posibilidades de que esto ocurra sean mínimas.

Nos parece un hecho tan lejano por detalles como la separación por clases, pero a la vez  cercano por hacernos pensar en que si aguantamos un fallo tras otro llegará un momento en el cual explotarán. El margen de error de los errores está muy limitado  por la codicia de las personas.

 Por otra parte, anima a reflexionar sobre el valor del lujo y del dinero, pues el Titanic era sinónimo de todo ello, pero a pesar de eso no se gastó presupuesto ni espacio en equipar al navío con botes salvavidas suficientes. ¿Fue un fallo no prever que podía ocurrir un accidente? ¿Era una muestra de debilidad para un barco tan importante admitir que era posible su hundimiento?

Está claro que nunca conoceremos las respuestas ni los verdaderos motivos que desencadenaron una de las mayores tragedias en el mar. En mi opinión, el barco fue creado para surcar océanos, y estaba perfectamente diseñado y equipado con materiales de calidad y fiables, que eran al fin y al cabo los  mejores de la época. También era cómodo para los viajeros, sobre todo para los más ricos, que tenían a su disposición camarotes variados, grandes cubiertas, piscinas y  salones inmensos.

Sin embargo, nadie pareció percatarse de que no se había dejado suficiente espacio para poner el número adecuado de botes y chalecos salvavidas. Fue un despiste fatal o, tal vez, una negación a aceptar que quienes viajaban en el Titanic podían necesitarlos si el barco se hundía.

En definitiva, creo que esta conocida película nos deja varias conclusiones. Es posible enamorarse en cualquier lugar y momento de nuestras vidas. Rose no creía en el amor al verse atrapada en una sociedad de apariencias y Jack luchaba por sobrevivir sin dejar lugar a los sentimientos, pero coincidieron y se juntaron en el Titanic.

El tiempo cura heridas, pero no hace que las olvidemos. Muchos años más tarde, la protagonista y muchos supervivientes más recordaban aún con tristeza lo sucedido.

La perfección no existe, todos cometemos errores. De esto debieron darse cuenta más tarde las personas que diseñaron el transatlántico bajo la idea de que fuese el mejor de todos los tiempos.


Y, por último, todos somos iguales. Ante una tragedia de estas dimensiones vale lo mismo la vida tanto de una persona rica, como del capitán del barco o de una camarera de tercera clase. 

Pilar Nieto 

jueves, 5 de diciembre de 2013

La rué ketanou, o la bohemia moderna francesa.

"C'est pas nous qui sommes à la rue/ C'est la rue Ketanou (qui est à nous)”


Existen los momentos, los correctos y los incorrectos, los buenos y los malos, los del pasado y los del presente. Y, sobre todo, existen los lugares, las esquinas y los rincones. Aunque, a veces, no son los adecuados. Pero, ¿eso importa?

La Rué Ketanou es un grupo de distintos países –Francia, Marruecos y Portugal-, misma época –final de la década de los 90- y conciertos en la barra de un bar, con todo lo que esas palabras pueden llegar a significar. Su mezcla de nacionalidades y su manera de entender la música se unen en una coctelera de ritmos, acentos y guitarras. Son tan franceses que le ponen nombre de mujer a sus canciones y tan bohemios que actuaron en el Olympa con la seguridad que te dan tantos años en La Rochéle y en la Isla de Ré. Porque en la calle quien no sabe tocar, no sobrevive -por mucho que cierta alcaldesa de Madrid diga lo contrario- y ellos consiguen así que les produzcan un disco y ser teloneros de Tryo. Juegan con el francés -combinándolo con español y portugués- porque, aunque parezca curioso, en francés ‘jouer’ significa tanto jugar como tocar. No podría ser de otro modo para un grupo que gesticulan mucho, bailan igual y se arreglan lo mínimo. Callejeros, perroflautas o incomprendidos; puedes llamarles como sea pero no te olvides de sonreír, por favor. No te olvides de escucharles tumbada en la cama y deja de intentar traducirles porque su música se centra en la melodía, en los ritmos y en los aullidos que acabas soltando un sábado a las cuatro de borrachera en tu casa. Hasta que aprendes francés para traducirlos o los traduces porque quieres aprender francés y descubres que a veces la sabiduría no está en manuales sino en la vida. Desde la uve a la a, con noches épicas, momentos bajos y los desamores de invierno que acaban siendo curados con amores veraniegos. 

Su canción más conocida es Les chemins de la bohéme (los caminos de la bohemia) y su significado está claro: el viaje por una vida donde el anciano te da su secreto y el aire la libertad. Sobre todo la libertad. Lo primero que escuché de ellos fue una frase que decía “á l’autre bout du bout du monde” y cuando tienes 15 años traduces mal y en vez de “al fin del mundo” te transportan “a la otra esquina de la otra esquina del mundo”. Entonces, todo llega: los viajes, las oportunidades, el frío de vivir fuera y aprender a decir ‘no te entiendo, ¿puedes repetir?’ en el mayor número de lenguas posibles. Dicen que ya no vivimos en un mundo personal sino que todo se conoce y todo se relaciona, que cada vez es más fácil buscarle las cosquillas a la palabra globalización y que ya no respetamos la cultura…

Yo creo que es mentira, porque creo en gente como La rué ketanou, y creo que sólo hace falta descubrirlos un poquito. Creo en que no somos de un país determinado sino del mundo en general, creo en los idiomas porque cada cual tiene sus particulares, creo en los momentos y que los 18 años es la edad para descubrirlos. Creo en los lugares, aunque sea en la otra esquina de la otra esquina del mundo y lleven consigo un par de pérdidas en una ciudad desconocida. ¿Eso importa?



@marta_451/Marta Prego Nieto