
Miguel Hernando de Larramendi ha dedicado gran parte de su vida al estudio del norte de África, la zona del Magreb, y sus relaciones con la política exterior española. Su último libro se titula L
a Política exterior española hacia el Magreb. Actores e Intereses donde estudia el complejo entramado que existe en dichas relaciones políticas y repasa la historia más reciente de España. Tuvimos la ocasión de hablar con él de su acercamiento hacia esta materia, del presente e, imaginando un poco, del futuro entre ambos países.
Usted es uno de los mayores expertos sobre el mundo árabe en nuestro
país ¿Cuándo decide mirar hacia el otro lado del mediterráneo y especializarse
en África?
La verdad es que mi interés por
el mundo árabe es muy lejano y surge por azares y casualidades de la vida.
Casualidad de que yo pasaba el verano en el levante español y teníamos una
profesora de francés que había sido una española que había vivido en Argelia,
una pied noir que se ganaba la vida así. Las clases de francés era su manera de
revivir su vida en Argelia, las relaciones España-Magreb y reivindicarlo. Y,
sin darte cuenta, en la adolescencia te va marcando y cuando reconstruyes tu
interés hacia este mundo te sale ese momento. En este caso fue la lengua lo que
unió y, a raíz de ahí, me centré en Magreb y en Marruecos, sobre todo,
posteriormente, en este segundo.
De ahí supongo que viene su interés por la traducción y su trabajo como
traductor en la Escuela de Traductores de Toledo.
La he dirigido durante muchos años.
Por un lado tengo una relación con la lengua árabe y por potro con el derecho y
las relaciones exteriores que se ve en mi tesis por el mundo árabe. Sobre todo,
lo que trabajo es política exterior, sistemas políticos y lo que es la política
exterior europea de España hacia la región.
Normalmente, cuando se habla de Magreb solemos centralizarlo en
Marruecos. Si quitáramos a ese país, ¿cuál es el que tendría el mayor peso de
toda la zona del norte de África?
Argelia, sin duda alguna.
Marruecos lo es por proximidad -14 kilómetros-, lazos históricos, sociedad.
Pero si miramos los factores económicos vemos que el gas procede de Argelia que
también hay un gran número de empresas españolas. Si usáramos solo criterios
económicos, sus relaciones serian las más interesantes.
¿Una buena relación con Marruecos conlleva que haya una relación
tirante con Argelia?
No necesariamente. Lo que ocurre
es que cuando hay un triangulo de intereses y dos de ellos se llevan mal hay
ciertos problemas. Marruecos y Argelia han tenido tiranteces desde su
independencia al ser dos regímenes diversos, querer asumir un liderazgo en la
región, tener la misma población, etc. y toda esa rivalidad ha hecho que España
se vea situada en el medio. Durante mucho tiempo la política se focalizó en aprovechar
que se llevaran mal porque se pensaba que habría menos posibilidades de que
Marruecos reivindicara el Sahara o Ceuta y Melilla.
¿Y ahora mismo?
Esa visión anterior cambia cuando
se ingresa en la Comunidad Económica Europea porque los intereses se amplían y
ya no somos sólo España. Antes no había población marroquí en España y, cuando
esas relaciones migratorias se hacen intensas, se amplían el tejido de
intereses. El foco no es solo Ceuta y Melilla, que también, sino la seguridad,
el narcotráfico, la inmigración. Si antes se piensa que un Magreb desunido era
la mejor opción para los intereses de España, a partir de la entrada en Europa
ocurre lo contrario: Los intereses se basan en que estas inestabilidades no se
enfoquen en la orilla norte. Si de pronto se unen el mercado marroquí y
argelino mejorarán las relaciones económicas.
Por eso la política española de después de los ochenta defiende un
acercamiento como vía de desarrollo.
El tema de la inmigración, España se adaptó muy pronto y bastante bien
a este nuevo aspecto. Y, sin embargo, si preguntas ahora a los jóvenes muchos
te ponen como principal miedo la inmigración desbocada y su posibilidad de
terrorismo. ¿Ha cambiado esa visión por la crisis económica?
Lo que ocurre es que la transformación
de España de país de emigración a inmigración se produce con un ciclo económico
muy favorable. Si tu miras el PIB de Marruecos y el de España, a partir de 1968
el de España sube. Ahora nos estamos encontrando por primera vez con un debate
sobre cuestiones migratorias en mucho tiempo y dentro de un plano
socioeconómico desfavorable. Es cierto que el rechazo ha aumentado pero no se
ha concretado, salvo en Cataluña, en partidos xenófobos mientras que, si vas a
Noruega o Suecia o incluso Francia, hay una carga política increíble.
¿Ha intervenido la política?
Sólo hubo durante la época de
José María Aznar una política de equilibrar el origen migratorio. ¿Cómo? Dando
facilidades a la inmigración proveniente de Latinoamérica pensando que eran blancos
(risas) y católicos. Bueno, en cualquier caso, la lengua unía y la inmigración
de Latinoamérica surge. Es cierto que como país sigue dando mayor número pero a
la hora de continente, crece la americana.
Pero, aunque la sudamericana sea superior, el miedo sigue estando con
la marroquí.
Sí, porque el miedo proviene de
raíces históricas, sociales: Anual, la guerra civil, el Sahara.
El tema del Sahara siempre es peliagudo, ¿somos, a riesgo de
generalizar, pro-saharauis o pro-marroquíes?
Tienes esa relación de amistad
con el pueblo saharaui que es la cara y la cruz de las relaciones con
Marruecos. Eloy Martín Corrales describe en La
imagen del Magrebí en España la imagen del ‘otro’ en España por
iconografía. Define que la solidaridad con el pueblo saharaui es la enemistad
con Marruecos. Es probable que haya una enemistad ahí. No puedes apoyar
directamente al Sahara, es un atentado contra las relaciones con Marruecos,
pero tampoco puedes reconocerlo como marroquí porque la gente todavía tiene esa
solidaridad. Eres pro-marroquí, sin duda alguna, pero no puedes llegar a serlo
del todo.
¿Afecta esto a temas de más gravedad, como el caso del 11-M?
Cuando se producen los atentados
del 11-m, llega una televisión danesa y me preguntan ¿por qué no se han puesto
a quemar mezquitas? Las explicaciones pueden ser que la extrema derecha todavía
es muy plural, que no hay ninguna que instrumentalicé. El urbanismo también
hace, aquí no hay guetos como en París o Marsella, hasta Lavapiés es plural
pero no es lo mismo. Y también por la juventud, que tenía aceptado el hecho
migratorio. Pero el 11-M es un punto de inflexión. Tiene como consecuencia que
Zapatero, y después Rajoy, se den cuenta que las buenas relaciones con
Marruecos traen una buena seguridad. Entonces la pregunta sería, ¿se hubieran evitado
los atentados del 11-M si, en los dos años anteriores, las relaciones con
Marruecos hubieran sido positivas? ¿Circulo la información compartida que
podrían haber evitado? Como todos los futuribles no se saben pero queda claro
que la la base es tener unas buenas relaciones con Marruecos.
Las relaciones negativas a las que nos hemos referido se centralizan en
la crisis de 2002 con Perejil ¿Cómo se trata el asunto desde el punto de vista
político?
Hay que contextualizarlo, como
todo, esa crisis surge justo después de los atentados del 11-S, en una época en
la que la política exterior española está completamente en reformulación. José
María Aznar piensa que se le abre una nueva ventana: relacionarse más con EEUU
sin perder a Europa y eso da pie a una división de opiniones. Al final lo que
produce la crisis es que toda esa inestabilidad que había caracterizado las
relaciones hispano-marroquíes se expanda. Un hecho puntual como la
no-renovación del Acuerdo de Pesca acaba contaminando todas las relaciones, incluido
los territoriales.
¿Se actúa bien en ese momento de gran tirantez entre las relaciones?
El PP la plantea con una cierta
prepotencia porque lo primero que dicen es “va a haber consecuencias porque
nosotros somos europeos y vosotros no”. A partir de ahí Marruecos abre el grifo
de la inmigración a Ceuta y Melilla, dice que España está apoyando un
referéndum, retira al embajador, desbloquea la cooperación universitaria… Lo
curiosos es que sólo hubo un lobby fuerte que se plantara que fue el de los
empresarios porque tenían intereses. Entonces, es la crisis más grave que se
produce y muestra como hay tabues en las relaciones: temas territoriales. Yo
jamás había oído hablar del islote de Perejil, no dice nada a mi favor pero
demuestra que no es relevante. Entonces un aspecto irrelevante -la política
territorial- pasa a ser relevante. Ceuta y Melilla están en la agenda marroquí
pero no en la española, etc… ¿Cómo puede haber una buena relación si la mitad
de los temas no son los mismos? Cuando hay tabúes es difícil: si todo va bien
se esconden, pero cuando no se convierten en obstáculos.
¿Realmente es positivo que de la diplomacia solo se conozca la punta
del iceberg?
También hay mucho desinterés,
salvo en determinados momentos –como en la guerra de Iraq. Si miras las
encuestas del CIS, cuando se produce la recuperación de Perejil eran los
preparativos de la invasión de Iraq, estamos en Julio de 2002 y la invasión se
produce en marzo de 2003. Entonces, es interesante porque luego las elecciones
de 2004 los temas de política exterior fueron muy fuerte. El caso es que el
rechazo al uso de la fuerza sorprende porque en la opinión pública el apoyo al
uso de la fuerza contra Marruecos era
apabullante. Esto demuestra que la opinión pública es muy volátil y que aunque no
hay una opinión completamente anti marroquí- que se transforme en actos
violentos y racistas-, hay un cierto respaldo al uso de la fuerza para quitar
de un islote absurdo a los marroquís
Entonces, las percepciones son muy importantes…
Lo habrás visto en el Comité de Averroes, todo
los temas de percepciones están muy presentes. Nos vieron durante mucho tiempo
como país de transito y, al entrar a la UE, pasamos a ser como los nuevos ricos
con influencia.
¿Todavía nos ven como país de búsqueda de trabajo?
Bueno, ahora mismo les pagan
igual de mal (risas). Es cierto que hay una tasa de paro de la inmigración
marroquí por lo que hay un retorno táctico para no perder la calidad de vida.
Se nos olvida la “humillación” que es pedir en Marruecos todo el problema de
los papeles, visados, etc. Sorprende como la conflictividad social no es fuerte
con todos esos niveles de paro; hay mucho retorno, la familia actúa y, que a
pesar de que la situación se ha complicado, todavía no hay una fuerza política
importante..
Empresas españolas que colocan sus sedes en Marruecos, sobre todo en el
industrial. Para las empresas es positiva, pero ¿qué ocurre con el caso de los
trabajadores españoles?
No todo es blanco o negro. Todo
el proceso de liberación del campo marroquí ha sido ocupado por población
española, habría que estudiar cuantos agricultores murcianos hay en esos campos.
Es curioso que, a lo mejor, los que más se quejan, son los que más se han
aprovechado. La competencia no es, en todo caso, devastadora. Se habla de la
competencia desleal, pero España había multiplicado también sus inversiones. Es
un aspecto de percepción pero, globalmente, para nada. No es la agricultura
marroquí contra la española sino que esta cruzada.
¿Cómo valora la educación sobre el mundo árabe en España?
Se enmarca en la educación en
general, que es muy deficiente. ¿Qué se sabe de América Latina? ¿Qué se sabe de
política exterior? Hay una visión tan centralizada en lo local, en lo más
cercano, ¿qué sabemos de historia europea? Apenas hay grados de estudio, si te
das cuenta.
Marta Prego Nieto/ @marta_451